Manifiesto por una ecología integral

Hay múltiples razones para conservar la naturaleza. Muchos enfoques que parten de visiones de la misma naturaleza y del ser humano en ella que en algunos casos son difíciles de reconciliar. Desde una visión exclusivamente centrada en el interés humano (razones económicas, de salud o de consideración de las generaciones futuras) hasta otras más biocéntricas, incluyendo la consideración moral de distintas comunidades o especies.

Inicio este blog con una breve síntesis de lo que considero notas relevantes de una visión integral de la ética ambiental. Utilizaré el término ecología no su acepción científica, como una disciplina experimental más, sino más bien en su sentido coloquial, que designa al interés por el cuidado del ambiente. Cuando hablo entonces de ecología integral, me refiero a un enfoque del cuidado ambiental que tenga en cuenta una cierta visión del ser humano y de la naturaleza. En mi opinión, esa visión integral debería apoyarse en estos principios:

1. La conservación de la naturaleza refiere al mantenimiento del funcionamiento íntegro de los ecosistemas terrestres y marinos, que requieren la presencia y actividad de todos los elementos que los conforman, vivos e inertes.
2. Esto incluye también al ser humano, que forma parte de la naturaleza, que depende de ella para su subsistencia y que puede utilizar sus componentes para cubrir sus necesidades reales, sin poner en peligro su existencia. El ser humano no es el cáncer del planeta. Hemos hecho y seguimos haciendo un uso abusivo de los recursos naturales, pero también tenemos capacidad de reparar el daño causado, de mirar a las demás criaturas (y a los demás seres humanos) con una nueva ética, basada en el cuidado y no en la provecho personal.
3. El ser humano debería vivir acorde con los principios de buen funcionamiento natural, comenzando con seguir su propia naturaleza. Los componentes biológico, social y espiritual del ser humano deberían orientarse de acuerdo a su fin natural.
4. Toda actividad humana tiene impactos ambientales. Nuestra forma de vida debería tender a minimizarlos, reduciendo nuestro consumo y reparando los daños que causa. El uso de los recursos naturales debería causar el menor impacto posible, reciclando o reutilizando todo lo que sea necesario para evitar nuevos impactos.
5. El ser humano ha transformado extensamente la naturaleza a su conveniencia. Es preciso parar esa tendencia, reconvirtiendo nuestro modelo de desarrollo hacia un crecimiento (o decrecimiento, según la situación de las distintas regiones del planeta) más equilibrado, que permita el florecimiento de todas las formas de vida que viven en nuestro hogar común.
6. El daño que infringimos a la naturaleza afecta a los seres humanos más vulnerables, así como a las generaciones que habitarán este planeta en el futuro. Tenemos la responsabilidad de transmitirles un ambiente saludable para su propio desarrollo, evitando daños adicionales y reparando los que hemos causado.
7. La naturaleza no es sólo una fuente de recursos. También tiene valores inmateriales, que necesitamos para nuestro equilibrio síquico y espiritual. La naturaleza para los creyentes de cualquier religión es imagen de Dios, que nos muestra su belleza y bondad a través del esplendor de sus criaturas.
8. Todas las ciencias, tanto naturales como humanas, son muy importantes para entender mejor el sistema terrestre y garantizar su conservación. Pero también el ser humano tiene otros referentes morales que es preciso ligar a nuestro conocimiento científico. El diálogo entre las ciencias y las tradiciones éticas y religiosas de la humanidad reforzará nuestro compromiso hacia un modelo de progreso que conviva con el cuidado ambiental.
9. El cuidado ambiental requiere un mayor compromiso personal. Las responsabilidades de un ciudadano de "a pie" no son las mismas que las de un gobernante o un empresario, pero todos deberíamos estar implicados personalmente en mitigar la actual crisis ambiental.
10. Ese compromiso ambiental debería convencer a otros mediante el atractivo de una vida coherente. La búsqueda del bien individual, de modo egoísta, dificulta la consecución del bien común. Por ello, limitar la libertad individual, a través de legislación más estricta, puede ser necesario para garantizar una protección adecuada del ambiente. No obstante, lo ideal sería un cambio de actitud personal, basado en la educación y el convencimiento, y no en la coerción. Es mejor evitar libremente nuestra actividad dañina sobre el medio que hacerlo forzadamente.
11. La violencia no es una vía adecuada para resolver los problemas ambientales, ni los conflictos humanos.
12. El cuidado del ambiente supone una actitud respetuosa con la vida, en todas sus formas, incluyendo al ser humano, desde su concepción a su muerte natural.

Comentarios

  1. Emilio: en todo de acuerdo. Posiblemente cuando mutemos los valores de "acumular" por "distribuir"; "competir" por "compartir" y "tolerar" por "reprimir" la relación hombre - naturaleza empieze a revertirse de manera mas efectiva hacia un estado de mayor armonía. Un abrazo desde Argentina.

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  2. Gracias, Emilio, por esta perspectiva tan acertada y fértil sobre las cuestiones ambientales. Un abrazo, AM

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  3. Muchas gracias por compartir Emilio. Está estupendo el blog

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Con un compañero de trabajo hemos estado estudiando "los imperativos morales del desarrollo sostenible" de Erling Holden. Lo veo muy acorde con el manifiesto que nos compartes y podría ser una lectura interesante para quienes quieran profundizar en este tema.

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  6. Emilio muchas gracias, la presencia cristiana en estos ambientes es signo y manifestación del Reino.
    Un abrazo

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