¿Por qué conservar la naturaleza?

En la línea de iniciar este blog con preguntas fundamentales (ya llegarán más adelante las implicaciones concretas: huella hídrica o de carbono, impactos del consumo, de la comida o de los coches eléctricos, etc.), hoy quiero hacer referencia a una que determina en buena medida las actitudes que tengamos ante la conservación: ¿cuál o cuáles son nuestras razones principales para conservar la naturaleza?
La respuesta a esta pregunta clave dará para varias entradas. Ahora sólo la esbozo en algunas de las respuestas que puedan resultar más evidentes. Me guió para este comentario de una encuesta que leí hace varios años en una web orientada a la ética ambiental. Preguntaban a los internautas que accedían a esa página cuál era su razón principal para la conservación ambiental? Se ofrecían cinco posibilidades, que me parece son una buena síntesis de las principales actitudes ante la ecología integral:
  • Porque es fuente de recursos que sirven a los propósitos humanos. 
  • Porque, si la Naturaleza está mal, el hombre también lo está.
  • Porque el hombre forma parte de ella, y como único ser racional debe cuidarla. 
  • Porque la vida y todos sus seres (humanos, animales, vegetales, paisajes, etc.) tienen valor por sí mismos. 
  • Porque es una creación de Dios. 
Flora silvestre en Andorra
Como vemos se incluyen motivaciones variadas, que no tienen por qué estar enfrentadas. Uno puede sumar varias, naturalmente, aunque ahí se preguntaba por cuál consideraba el lector que era la más importante. Eso ya define de alguna forma los valores personales y, de alguna manera, también el compromiso que llevan consigo.
Las primeras ponen más el énfasis en nuestro propio interés, ya sea económico (la naturaleza como almacén de recursos que uno aprovecha para satisfacer sus necesidades, o incluso sus caprichos), o ya referido a la salud física o psicológica (pues resultamos perjudicados por la degradación ambiental). La tercera razón tiene una base ética, se apela a la responsabilidad del ser humano con los demás seres. Esto lleva consigo plantearse qué enfoque ético está detrás de esa llamada a la responsabilidad. Ya veremos cómo hay muchas posturas éticas sobre la conservación, desde la ética kantiana a la aristotélica, pasando por la ecología social o el ecofeminismo, que apelan a esa responsabilidad. Entre las éticas más comprometidas estarían aquellas que reconocen un valor intrínseco (valor en sí mismos), esto es las posturas que consideran valiosa a la naturala independiente de que nos sea útil o no. Esta sería la base de los biocentrismos, de los que también hay muchas variedades.
Finalmente, se incluye una razón religiosa, que considera como fuente de responsabilidad con el medio ambiente un mandato divino. Tanbién hablaremos en este blog de como las grandes religiones se acercan al ambiente, qué principios cosmológicos y éticos fundamentan una determinada relación del ser humano con el entorno.
Obviamente, la razón principal de la conservación afectará a cómo se valora la naturaleza y cómo se concreta nuestro compromiso en relación con ella. Generalmente un planteamiento más economicista se centrará únicamente en los intereses humanos, sin más trabas éticas que garantizar el acceso justo  de las poblaciones actuales y futuras. En el extremo opuesto, un biocentrista primará la conservación por encima del interés humano.
Aquí me quedo, iremos viendo cada una de ellas con más detalle en sucesivas entradas.

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