La responsabilidad del consumo responsable

Decía en mi última entrada que ser responsable puede resumirse en ser consciente del impacto que tienen nuestras decisiones. Aplicado a nuestro consumo, ser responsable conlleva darnos cuenta de los efectos que tienen nuestros hábitos de comida, de transporte, de vestido, de diversión y de cualquier otra actividad que nos lleva a comprar cosas.
He estado esta semana en Oviedo y Gijón hablando de consumo responsable, explicando cómo valorar los impactos ambientales que nuestra actividad conlleva. Sin animo de agobiar a nadie, me parece importante animar a todos a que seamos más conscientes de que los problemas ambientales son también responsabilidad nuestra. Obviamente no solo, pero también.
Con frecuencia, y así ocurrió en Gijón, los que escuchan hablar del impacto que genera su consumo tienden a "echar balones fuera". La responsabilidad es de los gobiernos, que no presionan suficientemente a las empresas, los "malos" de esta película. Las empresas venden lo que la gente quiere, en principio, aunque también soy consciente de que muchas veces nos fuerzan para que queramos, con todo tipo de mensajes directos o indirectos. Sin embargo, me parece importante subrayar que además de consumidores somos ciudadanos, y que nuestros valores como tales se manifiestan no sólo cuando votamos o cuando nos manifestamos, sino también -quizá principalmente- cuando optamos por un producto o por otro, o por ninguno. Quien es partidario -en serio- de la promoción de la agricultura biológica, procurará adquirir este tipo de productos, mejor todavía si es directamente al productor. Obviamente hay limitaciones económicas y de acceso, pero quien está realmente motivado conseguirá vencerlas. No así quien tenga una motivación más o menos genérica y un conocimiento más bien vago de en qué consiste la sostenibilidad ambiental.
Las empresas cambian porque son presionadas desde arriba por los gobiernos, de acuerdo. Pero también, y principalmente, cuando son presionadas por los consumidores, que deciden no comprar determinados productos si tienen algo que les contraría. Esto ocurre por razones de salud (evitar productos con grasas saturadas, por ejemplo), por razones ambientales (productos que implican una alta huella hídrica o de carbono), por razones éticas (productos generados con experimentación animal), o por razones políticas (marcas asociadas a una determinada postura ideológica). Cuando uno está realmente motivado generalmente consigue vencer inercias y moverse en una dirección que se alinea con sus valores. Además del impacto directo del consumidor motivado, esas actitudes vitales sirven para extender esa preocupación a nuestro entorno y para exigir a nuestros líderes politicos o económicos que vayan en la misma dirección. Esto es, en pocas palabras, un ejemplo de lo que significa ser parte de la solución o ser parte del problema.
Una tercera línea de cambio empresarial es la motivación de los propios líderes. Los empresarios o los banqueros no vienen de Marte: han estudiado en las mismas aulas universitarias que nosotros. Si adquirieron en ellas una honda motivación ambiental, crearán empresas con una honda orientación ambiental. Tenemos bastantes ejemplos positivos: empresas alimentarias, de moda, de transporte o financieras que tienen una forma distinta de entender el consumo. Todo empieza por decisiones personales



Comentarios

  1. Don Emilio,

    Yo no consideraría "echar balones fuera" el culpar a los gobiernos. Nunca en la historia pequeñas acciones aisladas han cambiado nada. Y lo mismo que se nos sugiere que como consumidores presionemos a las empresas, creo que es más eficaz y rápido que como ciudadanos presionemos a los gobiernos.

    Un ejemplo: la campaña actual contra el uso de bolsas de plástico, que parte de la buena voluntad del consumidor de llevarlas de casa al mercado. Se aprobó una medida muy tibia de cobrar las bolsas al cliente (las empresas encantadas: otra vía de negocio que se les ha abierto ahí) y que, para más inri, en muchos pequeños comercios se saltan a la torera y siguen dando bolsas de plástico a sus clientes.

    ¿No hubiera sido más fácil prohibir directamente el uso de bolsas de plástico?

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  2. estoy de acuerdo que las responsabilidades son diversas, pero presionar a los gobiernos viene también de fomentar las convicciones de los ciudadanos, que solo pueden basarse en el compromiso personal. Si los ciudadanos no toman acciones concretas en sus vidas, es difícil que consideren el asunto relevante para exigir que se cumplan esas medidas. Por cierto, cobrar las bolsas de plástico no fue una medida del gobierno, al menos en España, sino una iniciativa de una de las grandes cadenas de distribución (Carrefour), y ha sido una medida -a mi modo de ver- excelente para que la gente consuma menos plástico. La persona que la introdujo lo hizo con intencionalidad ambiental, me consta pues le conozco personalmente, no para mejorar sus beneficios.

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