Animalismo y Ambientalismo

En el común de la opinión pública se trata del mismo movimiento, pero a mi modo de ver conviene distinguirlos desde muchos puntos de vista. El animalismo y el ambientalismo tienen raíces éticas distintas, lo que da lugar a distintos objetivos y medios. Si bien pueden coincidir en algunos casos, en la mayor parte me parece que se trata de coincidencias ligadas a otras ideologías que a la propia que sustenta a cada uno.
El ambientalismo, en pocas palabras, tiene sus raíces en la conservación de la naturaleza, manteniendo los ecosistemas, y todas su partes, de forma más afín posible a su estructura original. Los pioneros del ambientalismo están ambientados en la romanticismo del s. XIX, en el retorno a la naturaleza como paraíso perdido, ligado también al trascendentalismo americano de Emerson, Thoreau o Muir, o a la mayor conciencia de la degradación ambiental que produjo la expansión al Oeste, representado en quienes propugnan una mejor gestión ambiental, como Pinchot, o una ética de la Tierra, como Leopoldo o Carlson.
El animalismo, por su parte, está ligado principalmente a la utilitarista y hedonista (maximizar el placer o evitar el sufrimiento) y tiene sus principales exponentes en filósofos de las últimas décadas del s. XX, como Singer o Reagan.
El ambientalismo pretende mantener los ecosistemas, donde todos los elementos que lo forman tienen un papel necesario, desde las bacterias del suelo hasta los mamíferos depredadores, pasando por flora e insectos. El animalismo se orienta a evitar el sufrimiento de los animales que pueden sufrir, esto es lo que tienen el sistema nervioso desarrollado, dejando a un lado plantas y animales "inferiores".
Mariposa en el P.N. de Iguazú (Foto E. Chuvieco)
Esto tiene muy distintas consecuencias prácticas. Para un ambientalista, los animales domésticos (de compañía o de alimenación) solo tienen el valor ambiental del impacto que generan, mientras para los animalistas son sujetos de consideración ética, en algunos casos (grandes simios) incluso abogando por sus derechos equiparables al hombre. Un punto de especial divergencia entre ambos movimientos serían los animales exóticos, que tendrían el mismo "derecho" que cualquier otro a permanecer en un territorio para los animalistas, y habría que erradicarlos por el deterioro que provocan en el ecosistema que afectan para los ambientalistas. Para un animalista, evitar todo sufrimiento animal implica, entre otras cosas, ser vegano (sólo se alimentan de vegetales), mientras para un ambientalista, habría que reducir el consumo de los alimentos que generan más impacto ambiental, como sería la ganadería intensiva, pero sería admisible la extensiva, sobre todo cuando no tiene insumos artificiales. Por otra parte, la caza es admitida para la propia alimentación, como ocurre con la mayor parte de los pueblos indígenas. Para un ambientalista, una especie en peligro de extinción siempre es prioritaria, independiente del tamaño o del sistema nervioso que tenga, mientras para un animalista solo los animales superiores lo serían. Para un ambientalista, un zoo o un jardín botánico puede ser un recurso educativo de interés, siempre que se mantengan las condiciones ecológicas lo más parecidas a las originales, mientras para un animalista siempre serían rechazables. También hay diferencias sobre el uso de animales en la investigación biomédica, que no tendría mayor reparo ético para un ambientalista, siempre que se mantenga el patrimonio genético, evitando alteraciones artificiales que den lugar a posible contaminación biológica (caso de los transgénicos).
En pocas palabras, aquí, como en otros campos, es conveniente ir más allá de las apariencias, y antes de vincularse o simpatizar con un movimiento social, conocer bien las raíces y las implicaciones que lleva consigo.

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