Ecologia y Genero

Estos días donde la reflexión sobre la identidad de género ha estado presente en las calles y los medios de comunicación, parece oportuno incluir unas reflexiones en este blog sobre la relación entre género y pensamiento ambiental. La primera que me viene a la cabeza es qué aporta esa perspectiva de género a la consideración de la naturaleza y a su cuidado y conservación. Varias autoras han trabajado en las últimas décadas en esa temática, defendiendo diversas posturas, englobadas de modo genérico en el término ecofeminismo. Esta visión, como el feminismo en general, tiene a su vez diversas interpretaciones, desde la que considera la degradación de la naturaleza como una manifestación del dominio humano, equivalente al que ejerce el hombre sobre la mujer, hasta los ecofeminismo más culturales y espirituales, que abogan por una visión más femenina del cuidado de la Creación. Entre las primeras posturas están las llamadas ecofeministas del norte (como Françoise d’Eaubonne o Petra Kelly), en donde el ecologismo se mezcla con otras reivindicaciones sociales, que en muchas ocasiones pretenden solo equipararse al estatus del varón, hasta en las formas de hacer. En el otro extremo estarían las ecofeministas del sur (como Vandana Shiva o Wangari Maathai), en donde está más ligado a la reivindicación de lo femenino en la gestión ambiental, asociada a la ética del cuidado y a la fecundidad maternal, denunciando las implicaciones prácticas que la degradación ambiental conlleva a las mujeres de los países en desarrollo. Las consecuencias de ambos planteamientos son obviamente muy distintas, así como los postulados políticos que las dan soporte.
En cualquier caso, me parece interesante apuntar que, en mi opinión, sí existe una visión femenina de la conservación ambiental, que incorpora valores de cooperación, cuidado y atención a la concreto, traducida en una valoración de la escala local y los recursos disponibles.También me parece que hay una mayor apertura de la mujer hacia la ecología espiritual, con una mayor cercanía a la contemplación de la naturaleza que en el varón. Me parece que no es casual que en un curso que organizamos recientemente sobre esta cuestión, el 80% de los participantes fueran mujeres.
Hace unos años, invité a una profesora de mi universidad a hablar del ecofeminismo a mis alumnos de ética ambiental. Una de las chicas que asistía a esa clase, comentó algo así como que le llamaba la atención la insistencia en que las mujeres pudieran hacer lo mismo que los hombres, mientras se ponía tan poco empeño en que los hombres hicieran las mismas cosas que suelen hacer las mujeres. Obviamente, no se refería sólo a tareas concretas, sino también a actitudes, a valores, a formas de ver las cosas. En mi opinión personal, un feminismo de fondo no solo debería reinvidicar la igualdad de oportunidades -cosa de obvia justicia, que casi nadie sensato niega hoy-, sino también la aportación específica de las mujeres a las necesidades sociales, su visión, sus particularidades... obviamente, también su aportación más insustituible, la maternidad, que supone la formá más generosa y sublime de cuidado ambiental.

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