Aplausos y oraciones

Sigo saliendo al balcón, cada tarde. No sé si somos más o menos, pero sigo viendo mucha gente cumplir este ritual, que ya forma parte de nuestra vida de confinamiento. Salimos a aplaudir porque agradecemos lo que están haciendo por nosotros todos los que nos cuidan: los profesionales sanitarios, quienes velan por nuestra seguridad, quienes nos traen la comida, quienes limpian nuestras basuras, quienes nos garantizan la energía o las comunicaciones que usamos, y tantas y tantos que nos permiten mantenernos en medio de este recorte de nuestra actividad exterior.
Salimos a aplaudir como un gesto de agradecimiento. No sé cuántos de esos profesionales a los que antes mencionaba son vecinos mios, viven en el radio en el que se escuchan mis aplausos. Me da igual si lo oyen directamente o través de los medios o de ninguna forma. Salimos a aplaudir aunque materialmente lo que hacemos no llegue a quien queremos que llegue, aunque el destinatario no sea consciente de que lo hacemos por el o por ella. Es un gesto que solo quiere decir que les agradezco su esfuerzo, que me importan.
Pensaba en esto cuando, al hilo de las desgraciadas muertes y enfermedades graves que hemos vivido estos días, he dicho en muchas ocasiones: "rezaré por ella, rezaré por él". Lo he dicho aunque soy consciente de que algunas veces quien me escuchaba, o quien leía mi mensaje de Whatsapp, era una persona no creyente, para quien problamente rezar no significa gran cosa. Le estaba diciendo que iba a hacer lo que creo que era más importante por ese familiar suyo, aunque quien me escuchaba pensara que no serviría de mucho. Aún así, todos me lo han agradecido de corazón, se han dado cuenta de que estaba haciendo algo valioso para mí, que mostraba mi preocupación por esa persona, en fondo que demostraba que realmente me importaba.
Rezar y aplaudir parece que son cosas muy distintas, pero en estos día significan exactamente lo mismo. Significan que no soy indiferente al sacrificio, al cansancio, al dolor, de los demás. Significan, en definitiva, que me importan. No puedo hacer otra cosa para expresar mi empatía con esa persona que rezando, que aplaudiendo. Y, sin embargo, son cosas muy distintas, porque aplaudiendo hago un gesto de solidaridad, rezando hago algo más. Rezar no es solo un gesto, es una intención, intento implicar a Dios en la solución de un problema. ¿Quién soy yo para implicar a Dios? ¿No lo sabe El ya muy bien, acaso no es consciente del dolor de los otros antes de que yo se lo recuerde? Naturalmente, pero aún así nos anima a rezar por los demás, porque rezando sentimos con ellos, nos ponemos en su lugar, nos unimos a su dolor o su decaimiento, también a sus alegrías. Rezar es siempre salir de nosotros mismos, pensar en los otros, hablar con Quien sabemos que siempre nos escucha, pero a la vez quiere que le contemos nuestras inquietudes, lo que llevamos en el corazón.
Rezar y aplaudir, o rezar mientras aplaudimos, ¿por qué no? En cualquier caso no ser indiferente ante lo que pasa a nuestro alrededor, mirar más allá de nuestra propia esfera personal. Es una manifestación más del cuidado del ambiente, del entorno, sintiendonos participes de lo que pasa en nuestra Casa común, donde cualquier dolor, también cualquier alegría, de otro hermano nuestro es parte de nosotros mismos.

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