Pandemia, diversidad y resiliencia

Estamos en periodo de reclusión y, por tanto, con mas tiempo para la lectura y otras aficiones que el ajetreo cotidiano no nos suele permitir. Me venía a la cabeza estos días una magnífica novela de John Steinbeck, "Las uvas de la ira", publicada en 1939 y llevada posteriormente al cine por John Ford. Describe el ambiente de la Gran Depresión en los años 30 de EE.UU., y en concreto los impactos de la larga sequía que azotó al centro del país. A la sequía siguió la pérdida de fertilidad y una enorme erosión del suelo, manifestada en intensas tormentas de polvo. Este fenómeno es conocido como "Dust Bowl" (cuenco de polvo), y según los expertos fue consecuencia de una gestión intensiva del suelo que, eliminando la vegetación original, llevó a la infertilidad de un inmenso territorio antes problado de praders. La consecuencia humana fue la pérdida de las granjas de unos 3 millones de personas y su masivo desplazamiento a otros lugares del país.
Podríamos citar otros muchos episodios en donde los fenómenos naturales y la mala gestión humana han conducido al desastre. ¿Qué nos enseñan estos desastres ecológicos, que supusieron tanto sufrimiento?  ¿Qué podemos aprender de ellos en los momentos que estamos viviendo? ¿Hay alguna relación entre el modelo social que hemos construido y nuestra vulnerabilidad?
En ecología se manejan dos términos que creo que están relacionados con la situación que vivimos estos días de pandemia: diversidad y resiliencia. La diversidad es clave para la vida, porque la vida se mantiene gracias a un conjunto de interacciones, en donde todos son necesarios: desde los grandes organismos hasta los minúsculos. La resiliencia implica la capacidad de un ecosistema de resistir los impactos de un suceso anómalo y recuperarse de los mismos. Diversidad y resiliencia están íntimamente relacionados: si reducimos la diversidad seguramente reducimos la resiliencia, pues un sistema soporta mejor las anomalías cuanto más elementos lo forman.
En el ejemplo del Dust Bowl, la catástrofe se produjo por la pérdida de diversidad: las praderas naturales, bien adaptadas a ciclos de sequías, seguramente hubieran sujetado el suelo en la prolongada sequía de los años 30, pero ya no estaban. Habían sido sustituidas por monocultivos, más productivos a corto plazo, pero a largo plazo muy vulnerables. Lo mismo podemos decir de plagas biológicas. Tienen mucho más impacto cuando atacan una planta que ocupa la mayor parte del territorio. La naturaleza necesita diversidad, también porque alimenta la resiliencia.
No tengo más información que la que aparece en los medios, y procuro estos días limitarla, ya que el cruce de datos y de noticias de dudosa autenticidad solo crea más ansiedad y desconcierto. Ahora bien, me sorprende enormemente la cifra de muertos por el corona virus en España e Italia, frente a otros países con, teóricamente, peores sistemas sanitarios. Ayer decía uno de los periódicos nacionales que habían muerto casi 4000 personas alojadas en residencias de ancianos, la tercera parte de las muertes totales. Algo da que pensar sobre la sociedad que estamos generando, que genera grupos cerrados apartando a los mayores. En la familia tradicional, la que conocí en mi infancia, esto no hubiera ocurrido, porque los mayores vivían con el resto de la familia, los contagios se hubieran reducido enormemente. No había "guetos" para personas que la sociedad aparta, y que ahora -contemplamos con horror- son fácil presa de un virus que se ceba en los más débiles. ¿Qué podemos concluir de esto? ¿Estamos pensando en la diversidad humana? ¿Queremos sociedades más resilientes, donde todos puedan aportar su contribución a la gran red de la vida?

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