Ecodependencia humana a 2 metros

Parece que intentamos retornar a la normalidad, porque necesitamos sentir que estamos vivos y que recuperamos las mismas cosas que hacíamos antes de que nos viniera encima esta pandemia. La rapidez y novedad de la situación nos dejó perplejos, pero estábamos seguros en casa, al menos la mayor parte. Ahora nos toca a todos retornar a la calle, encontrarnos de nuevo, volver a nuestras rutinas, pero nos seguimos confrontando con el miedo al contagio, con las llamadas a la prudencia, en donde ya todo el mundo es sospechoso.
Se ha hablado mucho de que esta crisis nos recuerda la dependencia que tenemos de los demás, la necesidad de reforzar los lazos que nos unen a los demás, sentir que necesitamos y que nos necesitan. Aristóteles definía al ser humano con tres conceptos: animal, social, espiritual. Somos animales porque tenemos una biología que nos condiciona, somos sociales porque vivimos con los demás (y mejor aún, para los demás) y somos espirituales, libres y por tanto responsables y autónomos. Ese equilibrio entre relación y autonomía (social y espiritual) es clave para todos los seres humanos.
Necesitamos un espacio de libre determinación, pero también necesitamos a los demás, estar con ellos, sentir ser amados y amar. Somos personas en la medida en que nos relacionamos.
Ahí viene el gran reto. Hemos visto en la pandemia que necesitamos a los demás, no solo al personal sanitario, también a los que distribuyen alimentos, energía, comunicaciones, consuelo y seguridad. Necesitamos a los demás, pero no podemos estar con los demás, porque son "sospechosos", porque pueden contagiarnos. Este es, para mi, el gran drama humano de esta situación. No estoy menospreciando los impactos sanitarios, terribles, ni los económicos, que ya están y que vendrán. Estoy hablando de una distancia moral que nos obligan a mantener y que no sé qué sentido último tendrá en nuestras vidas. Si es algo breve, quizá tenga poco impacto. Si se repiten los contagios y la distancia se acaba considerando una rutina social, nuestras relaciones humanas acabarán profundamente afectadas. En qué medida está ya afectando a nuestras vidas, a nuestro estado de ánimo, a la fortaleza de nuestras amistades. No tengo una bola de cristal para saber qué pasará. Solo espero que esta situación no se prolongue mucho más. Hay algo muy hondo en nosotros mismos que necesitamos sanar.

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