Psicología de la conservación

Comparto con los lectores del blog un libro que estoy leyendo estos días, escrito por Susan Clayton y Gene  Myers (Conservation psychology: Understanding and promoting human care for nature). El campo de la psicología ambiental ya tiene una tradición consistente, con lo que la lectura de un libro resumen de los distintos campos que abarca resulta de gran interés. La conservación ambiental tiene múltiples facetas y abarca sin duda muy variadas disciplinas, desde la ecología propiamente dicha, hasta la gestión de la energía, pasando por la zoología, la botánica, la geografía, la climatología o la edafología. Con ser de fundamental importancia, estas disciplinas no son suficientes para garantizar la conservación ambiental. Si no entendemos mejor la relación de los seres humanos con el ambiente no podremos conservarlo, pues somos -nos guste o no- el principal factor de transformación del medio. He dicho transformación y no degradación porque no siempre las intervenciones humanas han de ser negativas: también somos capaces de restaurar lo dañado, precisamente ésa debería ser una de las tareas prioritarias de la intervención humana en el medio.
Dejando esto al margen, reducir nuestro impacto ambiental pasa por entender mejor qué relación tienen las personas con ese medio. Qué percepción tienen de cómo su actividad afecta al ambiente. La mayor parte de los seres humanos no gozan depredando, simplemente no son conscientes del daño que provocan, porque no conectan sus actividades cotidianas con los impactos que generan. Eso requiere un mejor entendimiento de las dimensiones ambientales del consumo, y de cómo se transmiten esas dimensiones a los consumidores.
Este es uno de los campos más interesantes de la psicología ambiental, pero hay otros muchos. ¿Por qué tomamos decisiones de mayor compromiso, ambiental o de otro tipo, por qué no las tomamos? ¿Qué está detras de un cambio de hábitos? ¿Qué nos motiva más a la hora de abordar esos cambios? ¿Por qué tantas veces no coinciden nuestras motivaciones y nuestras acciones? Estas y otras muchas preguntas deberían estar en el transfondo de cualquier campaña que pretenda concienciar a la población sobre su papel en los problemas ambientales. Por ejemplo, en el caso del cambio climático, una reciente encuesta del Instituto Elcano indicaba que más del 90% de los españoles están de acuerdo en que se trata de un problema importante, pero menos del 50% están dispuestos a introducir medidas que afectan a su consumo para mitigarlo. La percepción de que "ya hacemos todo lo que podemos", o de que "el problema es tan grande que no depende de mí resolverlo", o de que "la responsabilidad es de otros", son frenos claros para que cada uno tome compromisos personales hacia el problema.
Entender mejor nuestra visión de los problemas ambientales, las barreras psicológicas que limitan el cambio de comportamiento, es clave para que la sociedad -en su conjunto e individualmente- tome decisiones de mayor calado. No se trata de imponer normativas ambientales, sino más bien de educar ambientalmente para orientar nuestras decisiones en la dirección correcta.

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