Contemplar es entender la realidad

Siguiendo el consejo de un amigo filósofo, estoy leyendo el legendario libro de Aldous  Huxley, Brave New World, que se ha traducido habitualmente como "Un mundo feliz". La novela, publicada en 1932 no puede ser más actual, pues la visión futurista de Huxley parece cada vez estar más cerca de cumplirse. La creciente influencia de la tecnología sobre la vida humana, la preocupante convicción de que el ser humano es capaz de superar la propia evolución natural; la aparición de regímenes que bajo apariencia democrática esconden un liderazgo que se perpetúa artificialmente, que se justifican constantemente a sí mismos como la única posiblidad ante el caos; el dominio de las máquinas, que dejan de servirnos para sustituirnos, incluso en las acciones más propiamente humanas, como decidir el futuro de nuestra familia o la forma en que queremos organizarnos, todo eso está presente en la novela de Huxley, que convendría leer con atención. Estamos cada vez más sumergidos en una sociedad de la información sin reflexión, de los datos sin hipótesis, de la realidad camuflada de ideologías, de la verdad que se convierte en posverdad a base de repetir una mentira. Necesitamos reflexionar, pararnos, pensar, para entender lo que nos pasa.
En clave ecológica, eso supone volver a nuestras raices naturales. Aprender a contemplar la belleza y el orden que vemos en las cosas que nos rodean, o quizá mejor aún a buscar esa belleza y ese orden en la naturaleza que no nos rodea, salir de nuestro mundo artificial, lleno de máquinas, de realidades virtuales, y mirar a la realidad real, contemplarla, despacio, pararse, para entenderla, para quererla.
En el primer capítulo de "Un mundo Feliz" se describe una de las instalaciones que fabrican seres humanos como si se tratara de una fábrica de montaje en serie. Distintos tipos de seres humanos sometidos a distintos procesos para convertirles en seres diseñados para una sola tarea, para que odien lo que no podrán disfrutar y amen lo que están predestinados a hacer. El director del establecimiento lo enseña a los alumnos que se incorporarán a la instalación. En un pasaje les indica, que a esos humanos hay que privales de cualquier emoción hacia la naturaleza, en concreto de las rosas de primavera (primroses) y de los paisajes bellos, y da sus razones: "Las rosas de primavera y los paisajes tienen un gran defecto: son gratuitos. El amor a la naturaleza no mantiene las fábricas ocupadas. Se decidió abolir el amor a la naturaleza, mucho más aún entre las clases más bajas. Era preciso abolir el amor a la naturaleza, pero no la tendencia a consumir transporte. Naturalmente era esencial que siguieran marchando al campo, incluso aunque lo odiaran. El problema era encontrar una razón económicamente más sólida para consumir transporte que el mero afecto por las rosas de primavera y los paisajes".
Quizá es una estrategia más de este Mundo Feliz a donde parecen encaminarnos los ideólogos del nuevo orden mundial. Para ellos es importante que las personas pierdan su aprecio por lo bello, por lo que la Naturaleza nos da gratuitamente, porque todo tiene que ser fruto del intercambio económico. La gratuidad es la ruina del sistema, pero es la esencia de la vida, de la vida natural. O entendemos esto, o no sabremos apreciar las rosas silvestres que aparezcan en nuestro camino, ni tantas cosas estupendas que sólo pueden darse y recibirse gratuitamente.

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