Disfrutar de las cosas sencillas

Este año las circunstancias nos han llevado a replantearnos las vacaciones convencionales. Para muchas personas, descansar consistía en hacer viajes exóticos, visitar parajes remotos, conocer otras culturas, quizá gastar buena parte de los ahorros. Este año estamos descubriendo que puede descansarse también haciendo cosas más sencillas, redescubriendo paisajes próximos, conviviendo con personas queridas, paseando por entornos más cotidianos.

Así han sido mis vacaciones, en una casa rural de la sierra madrileña. Demasiado cerca, todo parecía conocido, pero hasta lo más familiar puede hacerse nuevo cuando se ve con otros ojos. El cansancio provocado por la tensión vivida en los últimos meses es un buen aliciente para afrontar el descanso con otra perspectiva. No se trata tanto de hacer cosas muy sofisticadas, sino de interrumpir el ritmo, de desconectar, olvidarse de la tensión acumulada y disfrutar de tantas cosas que parecen usuales pero que se nos escapan en el día a día.

Pasear por la sierra de Madrid, montar en bici por pistas forestales, sentarse a contemplar un paraje natural, conversar con familia y amigos, compartir momentos, también ayuda a "recargar las baterías", para retornar al trabajo con otra cara. He visto un tejo milenario en Canencia (bueno quizá era centenario), he subido al puerto de la Morcuera por una bosque precioso de pinares y melojares, he contemplado la Pedriza madrileña, tan rica en cada forma, esmalte de granito y agua. 

Creo que es una buena lección. Para descansar basta desconectar de la tensión y disfrutar con cosas sencillas. No es tanto lo que hacemos sino cómo lo hacemos, con qué ánimo, con qué motivación. Quizá nos cansarían menos las cosas cotidianas si también supiéramos encontrar en ellas motivación y sentido. Hace años leí una frase que me dio que pensar: la religiosidad más honda nos lleva a descubrir la belleza y el significado de lo cotidiano. Ese es el secreto de vida apacible, porque si lo que hacemos tiene sentido, si implica algo más que hacerlo,  será compatible el cansancio con la paz interior, la alegría y el esfuerzo. Encontrar alicientes en nuestras actividades usuales implica hacerlas con otra visión, mirando más allá de lo que inicialmente significan, de tal forma que se conviertan en parte de nuestros valores y no solo de nuestras obligaciones.

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