Política ideológica y política ecológica

 Hace poco tuve la suerte de visitar Doñana, además con la enorme suerte de hacerlo con un magnífico conocedor del parque. No hay nada como visitar algún lugar con gente que realmente lo conoce y lo quiere: uno descubre cosas que solo no habría visto nunca ni entendido nunca. Una de las que me llamó la atención era descubrir las rutinas de las hormigas, quizá uno de los animales mas sociales que existen. De hecho, uno de los fundadores de la socio-biología, Edward Wilson, inició sus estudios como mirmecólogo. Es curioso observar como unos animales tan vulnerables son capaces de hacer tantas cosas gracias a que colaboran entre sí, cada una "sabe" lo que tiene que hacer, y desempeña su trabajo con bastante eficacia, asumiendo -si puedo hablar así- que las demás harán su trabajo en beneficio de todas.

Me viene esto a la cabeza cuando contemplo, con bastante desilusión, la falta de cooperación entre nuestros políticos para resolver juntos los problemas que está creando la pandemia del COVID-19, o al menos para minimizar sus efectos negativos. No conozco bien la situación de otros países, pero a juzgar por la prensa internacional, parece que el nuestro está destacando por una gestión penosa de la pandemia. ¿Qué es distinto en España?, me pregunto muy a menudo. Ninguna variable objetiva me permite explicarlo, ni por nuestro potencial económico o humano, ni por nuestro clima, ni por la calidad de la sanidad, ni de la gobernanza, ni por nuestra forma de vida o las ciudades que habitamos, se explica lo que está pasando. Podemos encontrar países con climas, formas de ser, niveles de renta, de infraestructuras o ciudades similares a las nuestras, y a todos parece que les está yendo mejor. ¿Por qué nosotros, entonces, tenemos quizá la tasa de infección y seguramente también de mortalidad más altas del mundo?, ¿por qué tras un periodo durísimo de confinamiento, estamos ahora donde estamos? 

Mi única explicación es la incapacidad de nuestros políticos para ponerse de acuerdo, para colaborar en nada. Estaría bien que miraran lo que hacen las hormigas, las abejas o cualquier otro animal social para darse cuenta que los seres vulnerables se necesitan unos a otros, que no pueden arreglarse los problemas a base de broncas, del "y tu mas", asumiendo que quien piensa distinto es incapaz de aportar nada. Me pregunto, como creo que se pregunta la inmensa mayoría de los españoles sensatos: ¿qué hace falta que ocurra en este país para que los políticos de derechas y de izquierdas remen en la misma dirección?,¿qué es necesario para que dejen sus rencillas estúpidas y se pongan a dialogar pensando en que el otro también quiere lo mejor para su país?, ¿qué tiene que pasar para que quien gobierna -en todos los niveles- escuche y estime la opinión de la minoría?

Deberíamos abandonar la política ideológica, la que construye barricadas y solo ve enemigos, y movernos hacia la política ecológica, que lleva a la cooperación entre seres que son distintos. En el mismo parque de Doñana, nos comentaba el guía la labor del pájaro carpintero. Es una "máquina" de taladrar maravillosa, con un mecanismo natural increíblemente ingenioso, que nos explicó el guía con detalle. Pero también nos indicó que el pájaro carpintero hace esos pequeños agujeros en los árboles para comerse unas orugas que suben por el mismo, y que gracias a eso el árbol puede seguir creciendo. En la naturaleza, colaboran los distintos, los que tienen talentos variados, porque todos son importantes, son parte del ecosistema. Nadie sobra, nadie es superfluo. ¡Qué estupendo sería que aprendiéramos esa lección para guiar las sociedades humanas!


Comentarios

  1. Qué sabias palabras, Emilio.
    En nuestro caso, en la gestión de Madrid, a los ciudadanos nos veo abandonados sin un rumbo fijo, inmersos en una campaña publicitaria permanente de todo lo que hacen y van a hacer, pero no hay nada detrás. Solo publicidad para aparentar algo que no es real. Siento como si invitaran a todos a un maravilloso lugar seguro, dotado con todos los medios, pero casi inalcanzable poniendo colas interminables para el acceso, para que, una vez franqueada la puerta, ver que era solo una fachada de atrezzo, un lugar vacío en el que sólo se puede escuchar "han sido los otros los que no lo han permitido/no nos han ayudado/os han abandonado". No hay medios. No hay voluntad de ponerlos. Prefieren no ponerlos para culparse unos a otros, a costa de las vidas de los demás.
    Prefiero la voluntad y lo poco que pueda aportar cada uno desde su lugar, a la inacción sólo por evidenciar la culpa de otros. Qué empeño en desnaturalizar al ser humano, convirtiéndolo en un depredador para todas las especies, incluida la suya.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Manifiesto por una ecología integral

Despolitizar el Cambio Climático

La ecología del aplauso