Ecología de la vida

 Parece casi una obviedad hablar de ecología de la vida, pues lo primero que nos viene a la cabeza entre quienes procuramos cuidar la Naturaleza es precisamente el respeto por la vida, por todas las formas de vida, pues todas son valiosas. Sin embargo, parece necesario recordarlo con frecuencia: la primera y más rapical forma de cuidar la naturaleza es cuidar la vida. Es muy llamativo entonces que haya tantas personas que no vean incompatible el cuidado de la naturaleza con el menosprecio a la vida humana, hasta el punto de legalizar su eliminación. Precisamente en ese momento, en donde el gobierno de nuestro país se jacta de adoptar un enfoque ecológico en su gestión -ahora no voy a tratar si este enfoque se manifesta eficazmente en la práctica o no-, se aprueba por ese mismo gobierno, con apoyo de otros grupos que en el pasado manifestaron muy poco respeto a la vida humana, una ley que permite legalizar la muerte de las personas más vulnerables. 

Se viste de otros argumentos "humanistas" (evitar el sufrimiento, no prolongar situaciones irreversibles, autonomía de cada persona...), pero todos sabemos que esa ley abrirá una puerta a la muerte de quienes consideran duro seguir viviendo o, peor aún, de quienes consideran muy duro seguir atendiendo a esos enfermos. Ya tenemos sufientes años para tener perspectiva histórica sobre lo que ha supuesto la despenalización del aborto en España. Inicialmente se aprobó con el argumento de solventar situaciones excepciones y para evitar abortos clandestinos -con cifras que se exageraron intencionadamente-; ahora es un "derecho", que no requiere ningún motivo de especial gravedad, y que puede practicarse en cualquier momento de la gestación. De unos pocos cientos, hemos pasado a más de 100.000 abortos al año: una tragedia que se amortigua en la conciencia colectiva mirando a otro lado.

Sería ingenuo engañarnos pensando que la eutanasia va a llevar otro camino. Lo que ahora se vende con casos excepcionales, que pueden perfectamente solventarse con cuidados paliativos y ayudas a la dependencia, será dentro de unos años un medio más de reducir costes a la sanidad, o de evitar fatigas a familiares poco comprometidos. Hace unos años se aplicó la eutanasia en Holanda a una joven de 17 años, perfectamente sana, porque consideraba que su vida no tenía sentido. Ese mismo país, pionero en su aprobación, la eutanasia se aplica sin consentimiento del paciente, cuando no puede dar su consentimiento y el médico considera que la muerte es irreversible. Conviene recordar lo obvio: todas nuestras vidas tienen sentido y todos nosotros estamos irreversiblemente llamados a la muerte; es cuestión de tiempo que llegemos a ese momento. La libertad de elección es un argumento fácil de vender, pero una vez abierta esa puerta, se pondrá en marcha la "pendiente resbaladiza", que en el aborto o en otros temas sociales, lleva a consecuencias nefastas.

Cuidar la naturaleza es cuidar también nuestra naturaleza, respetar sus ciclos naturales, entre los que está la muerte. Parece razonable usar la medicina para curar algo que no funciona bien, restaurando su función original; pero no tiene mucho sentido usarla para causar una muerte, ya sea en forma de suicidio asistido, ya causado por la decisión de "piadosos" familiares. Naturalmente que hay muchas situaciones muy duras, con muchos familiares heroicos que se dejan la vida para cuidar la de otros: no les enviemos el mensaje de que su esfuerzo no tiene sentido. La mentalidad ecológica lleva consigo el amor a la vida, de toda vida, también de la humana. De otra forma, la convertimos en algo superficial, pero no formará parte de una nueva forma de enfocar nuestra relación con el mundo y con los demás seres humanos.


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