¿En qué emitimos más gases de efecto invernadero?

 Como es bien sabido, las emisiones antrópicas de gases de efecto invernadero (GEI) suponen la causa principal del actual cambio climático. Por tanto, reducirlas es la prioridad para cualquier política efectiva de mitigación del problema. El acuerdo de Paris, lamentablemente, no estableció límites concretos de emisión por países, dejando a acuerdos posteriores -o a la buena voluntad de los estados firmantes- establecer compromisos vinculantes que permitieran evitar el techo de calentamiento global que se fijó en 2º. Ni las decisiones de la mayor parte de los grandes emisores en política energética, ni las inversiones de transferencia de tecnología previstas en ese acuerdo se están cumpliendo. Solo la pandemia del COVID-19 ha sido capaz de frenar el ritmo de crecimiento, situando los valores de este año en cifras similares a los de 2006. Queda, por tanto, mucho por hacer para que podamos reducirlas al 50% en solo 10 años, como se ha marcado la Unión Europea, y mucho más para que se consiga la descarbonización completa de la economía.

No voy a hablar ahora de emisiones de los distintos sectores productivos, sino de algo mucho menos conocido: las emisiones ligadas a nuestro consumo. Conviene recordar que todo lo que hacemos lleva consigo un gasto energético y que, por tanto, incluye también una cierta cantidad de emisiones GEI. Desde lo que comemos hasta lo que vestimos, cómo nos transportamos o como climatizamos nuestra vivienda, o lo que consumen nuestras mascotas supone emitir GEI, ya que la mayor parte de la energía que consumimos supone quemar combustibles fósiles. 

Estamos ultimando en mi grupo de investigación un estudio sobre la huella de carbono del consumo personal en España. Hemos realizado una encuesta a 1000 personas seleccionadas con criterios estadísticos para representar los hábitos de la población española. Iré comentando estos resultados en futuras entradas, pero aquí voy a adelantar que los valores promedio de emisiones que podemos estimar de nuestra encuesta casi alcanzan las 6 toneladas de CO2 per capita, incluyendo solo población mayor de 16 años. Ahora me interesa remarcar que los dos principales sectores que explican esas emisiones son el transporte (45%) y la comida (28%), por encima de la energía para climatizar el hogar o el vestido. Ahí tendremos que poner más énfasis para reducir drásticamente las emisiones: electrificar el sector del transporte (extendiendo a su vez la producción de energía eléctrica renovable), ampliando a su vez el uso compartido y el transporte público, y cambiar algunos hábitos de nuestra dieta parecen los elementos más importantes de esa reducción. Con frecuencia pensamos que son las industrias las que emiten GEI, pero no hemos de olvidar que la gran mayoría lo hacen para satisfacer nuestro consumo, así que también está en nuestra mano reducir las tendencias y contribuir decisivamente a la acción climática.

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