Ciencia y ruido en el cambio climático

Estos días, al inicio del nuevo cuatrimestre, he estado actualizando la asignatura de Cambio Global, que imparto desde hace algunos años en la facultad de Ciencias de mi Universidad. Uno de los temas protagonistas del programa es el cambio climático, ya que no cabe duda que es el problema ambiental de mayor impacto global, el que suscita más interés en los medios y el que supone más esfuerzo legislativo en muy distintos países. Precisamente la pasada semana se remitió al Congreso el borrador de la Ley de Transición Ecológica y Cambio Climático, uno de los textos más esperados de la legislatura.

Para poner al día la introducción al cambio climático que trato con los alumnos en la asignatura, he estado revisando los informes más recientes sobre esta cuestión, que siguen alertando sobre muy diversos indicadores que no hacen sino confirmar lo que los científicos vienen indicando desde hace varias décadas. Parece que esas evidencias siguen sin calar adecuadamente en la opinión pública, que sigue pensando que es un tema controvertido, sobre el que no hay acuerdos claros. Así lo piensa el 57% de los españoles en un estudio realizado el año 2019 por el Real Instituto Elcano sobre la opinión de los españoles ante el cambio climático, pese a que el 92%, en ese mismo estudio, está da acuerdo con su existencia y su origen predominantemente humano.

A mi modo de ver, esto solo se explica por la creciente influencia sobre la opinión pública de los seudo-cientificos que transmiten su visión sesgada, o directamente manipulada, en las redes sociales. Bastaría con buscar información en fuentes fidedignas (institutos de meteorología, por ejemplo) y ver qué indican de modo unánime para dejar de divagar sobre esta cuestión y ponernos, en serio, a tomar medidas eficaces para su mitigación. Como en ciencia lo mejor es dar datos, siempre de fuentes fiables, basta actualizar cuatro variables -de campos variados- para indicar que las tendencias son tan evidentes que seguir negando la base científica del cambio climático:

1. Los 5 años más calientes del registro instrumental (>1880) han ocurrido desde 2015 (2016 el primero, 2020 el segundo, 2019 el tercero), con un aumento de temperatura de 0,87˚ por encima de la media del periodo 1950-1980. Lógicamente estos valores corrigen los efectos de isla térmica urbana. Además, se observan tendencias similares en la temperatura del agua del mar, no afectada por este fenómeno. La tendencia al calentamiento es compatible con la existencia de eventos extremos, incluso olas de frío inusitadas, puesto que, al haber más energía en el sistema, se tiende a rebasar sus límites previos. 

Evolución de la anomalía térmica a escala global. Datos NASA-GIMMS

2. A partir de mediciones de satélite, se ha observado una pérdida de casi 3,4 millones de km2 de hielo marino estival en el Ártico entre 1980 y 2020 (-12,2% por década), con valores más bajos en hielo invernal (-2,6%/década) (http://osisaf.met.no/p/new_ice_extent_graphs.php). Aunque en la Antártida el efecto es menos evidente, también se observan pérdidas muy relevantes en el sector occidental, el más masivo.

 

Variaciones de la superficie de hielo marino en el Ártico al final del invierno y del verano. Fuente: Eumetsat

3. La inmensa mayoría de los glaciares del mundo están perdiendo longitud y volumen, en distintas latitudes y hemisferios. En un inventario reciente del World Glacier Monitoring Service, con datos de 41 glaciares que vienen midiéndose desde hace 40 años muestra una pérdida acumulada de casi 20 m, con mayor rapidez en las últimas dos décadas.

 Balance de pérdida de masa de hielo en 41 glaciares de referencia. Fuente. Servicio Mundial de seguimiento de glaciares y programa de cambio climático Copernicus de la UE.

4. Mediciones con altímetros rádar desde satélite han comprobado un aumento del nivel del mar de unos 3,.3 mm/año desde los años 90 (Cazenave y Cozannet, 2014), con una clara tendencia ascendente, acelerada en la última década. 

Variaciones de la altura del océano a partir de altímetros radar. Fuente: Centro Nacional de EStudios Espaciales de Francia (CNES).

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