¿Qué es la Naturaleza?

 Es curioso que entre tantas personas que están preocupadas por la conservación de la Naturaleza, no haya muchas reflexiones sobre el objeto de lo que pretendemos conservar. Si no tenemos claro qué es exactamente la Naturaleza, difícilmente podremos ayudarla o ayudarnos a nosotros mismos a cuidarla. La cosa parece trivial, pero no lo es tanto. 

Esta semana he preguntado a mis alumnos de ética ambiental sobre esta cuestión, y la primera reacción ha sido definir lo natural como aquello no transformado por el ser humano. Como ahora realmente no quedan paisajes que no hayan sido transformados, de una u otra forma, por la acción humana (por nuestra acción en la atmósfera, también las zonas más inhóspitas tienen una cierta influencia antrópica), con esta definición no tendríamos, estrictamente, nada que conservar.

Si extendemos un poco la definición, e indicamos que lo natural es lo que tiene poca influencia humana, o principalmente incluye ecosistemas naturales, entonces los espacios a conservar son mucho más amplios, pero se abre la pregunta de qué pasa con todos los paisajes generados por la cultura humana, por ejemplo los agrícolas, fruto de la interacción entre hombre y medio natural, en algunos casos milenaria. Casi todos mis alumnos estuvieron de acuerdo en que si consideramos al hombre como parte de la naturaleza, también los paisajes humanizados deberían conservarse.

A partir de ahí, entonces, se plantea otra cuestión interesante: en aquellos paisajes que hemos alterado, y en donde tenemos una cierta obligación ética de restaurarlos, ¿cuál sería el estado al que queremos retornar? ¿A antes de cuándo? ¿Antes de la emigración masiva a las ciudades, antes de la revolución industrial, antes del Neolítico? Ahí tenemos que establecer una definición más clara de qué es la Naturaleza o, dicho de otra forma, cuál es el estado de referencia de un determinado ecosistema, pues siempre están en constante cambio (obviamente no solo de origen humano, ya que los factores naturales siguen también estando presentes y lo han estado de modo protagonista a lo largo de la evolución terrestre).

Si retomamos el concepto clásico de naturaleza, como la esencia de las cosas, la Filosofía viene a rescatar a la Biología de esta difícil encrucijada: habría que restaurar hasta el nivel que indica la esencia del paisaje que queremos recuperar. Esencia indicada por las funciones y componentes básicos que lo definen, los elementos que lo forman, los flujos que lo dinamizan. La esencia es lo que explica que una cosa sea lo que es y no otra, un paisaje lo que es y no otro, un ecosistema lo que es y no otro.

Y si somos conscuentes, este planteamiento también debería aplicarse al ser humano. Ante las corrientes deshumanizadoreas del transhumanismo, la supuesta mejora tecnológica de la naturaleza humana no hace sino perturbar tanto como la transformación abusiva de los paisajes naturales: tanto da cuando la base conceptual y las herramientas tecnológicas son las mismas, la misma también la pretensión soberbia del hombre que se considera con capacidad de rediseñar lo que ha recibido como un legado, poniendo en riesgo un maravilloso equilibrio que no le pertenece.


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