Animalismo y humanismo

Hace poco estuve tomando café con un amigo, al que hacía tiempo que no veía. Me comentó que dedicaba parte de su tiempo libre a ayudar a gatos callejeros, a los que alimentaba o procuraba alguna familia de acogida. Me quedé pensando en cuantas personas marginadas de la sociedad tendrán esas mismas atenciones. Nuestra sociedad ha cambiado drásticamente la relación que mantenía tradicionalmente con los animales: de usarlos para apoyar su trabajo o como fuente de alimentación o vestido, ha pasado ahora a considerarlos como complemento afectivo. La inmensa cantidad de animales domésticos que pueblan nuestras ciudades indica claramente esa sensibilidad, pero también nos ayuda a reflexionar por qué las personas buscamos en los animales (en algunos animales) lo que tradicionalmente hemos encontrado en las personas: compañía, afecto, apoyo. Son muchos los que hablan, peinan o visten a los animales con los que conviven, quizá dedicándole más atenciones que las que tienen con su familia directa. Hace años me dio que pensar un compañero de la universidad de Alcalá, contemplando las múltiples cigueñas que pueblan las torres de su casco histórico, al indicar que vienen del mismo país (Senegal) del que miramos con sospecha o desdén a sus inmigrantes. 

Además de las cuestiones sociales que esta transformación animalista implica, creo que conviene también recordar las implicaciones ambientales, como he indicado en alguna otra entrada de este blog. Por muy veganos que sean sus dueños, los animales de compañía (perros y gatos) son carnívoros, y por tanto su huella de carbono es equivalente a la de una persona que come similares cantidades. Naturalmente, ese huella dependerá del peso del animal y del tipo de carne que entre en su dieta, pero no es en modo alguno desdeñable. A eso habría que sumar los impactos ambientales ligados a todos los servicios que un animal doméstico requiere, desde las vacunas hasta la higiene o los complementos.

Quizá tendríamos que replantear nuestra relación con los animales domésticos, quizá tendríamos que relacionarnos más con los animales silvestres, contemplando su diversidad, admirando sus cualidades, manteniendo su entorno. Quizá tendríamos que replantear las relaciones sociales que estamos construyendo con otros seres humanos, los espacios de soledad, el individualismo galopante, la carencia de afectos familiares, fruto de tantos conflictos. Los animales conviven con el ser humano desde el inicio de su existencia, comparten con nosotros una gran parte de nuestros genes, pero pertenecen a otras especies, con sus particularidades. Reconstruir relaciones humanas que ahora intentan llenar los animales domésticos, extender las relaciones con otros animales silvestres, me parece que también es parte de una ecología integral, en el que naturaleza y sociedad se entrelacen armónicamente.


Comentarios

  1. todopiensoalcala.com
    Un post precioso. Debemos cuidar a nuestros animales y estás seguro de que podemos tener uno y mimarlo hasta el fin de sus días. Los animales no son juguetes y muchas personas siguen tratándolos como tal.

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